Nueva y prometedora investigación contra el cáncer

          El tratamiento de Neutrófilos de Antonio Brú, una esperanza para la curación del cáncer


          En 1993, el Doctor en Física Antonio Brú trabaja en el CIEMAT, dependiente del Ministerio de Educación y Ciencia. Disfruta de una beca de postdoctorado, y su trabajo versa sobre los frentes de cristalización de las arcillas, formando parte de un proyecto de confinamiento de residuos radiactivos de alta actividad.
En su trabajo estudia los fenómenos de difusión molecular de un medio en otro, y conociendo las insólitas similitudes que a veces tienen fenómenos físicos y biológicos de muy distinta naturaleza, casi como una curiosidad matemática, comienza a interesarse por la dinámica de crecimiento de los tumores. Se da cuenta que:

          - Hay muchas teorías sobre la génesis de los tumores.
          - Muchas clasificaciones de tipos y subtipos, dependiendo del órgano al que afecte.
          - Muchos tratamientos. Algunos de dudosa eficacia.
          - Apenas hay información de cómo crecen los tumores.

          Brú comienza a investigar este último punto. Forma un equipo interdisciplinar, en el que hay médicos y biólogos. Toda la investigación la sufraga de su propio bolsillo, pide incluso un préstamo personal y sus ayudantes trabajan gratis en días de fiesta y fines de semana. Al cabo de varios años llegan a las siguientes conclusiones:

          - Las células tumorales tienen unos períodos de replicación mayores que las células normales (en las tumorales a veces llegan a los 100 días, cuando en las normales son entre 24 a 72 horas).
          - Todas la células cancerígenas no crecen por igual en el tumor. El físico discrepa de la afirmación de los oncólogos, que todas se dividen por igual y por lo tanto su desarrollo conjunto es exponencial (aunque estos matizan que existe gran mortandad entre las células del núcleo que frena su crecimiento en esta zona). Brú se pregunta ¿Si es así, dónde está entonces el tejido necrosado? y afirma que, salvo en tumores de muy pequeño diámetro, el crecimiento por mitosis (por división de las células) se reduce casi exclusivamente a las más exteriores, quedando las internas en estado de latencia inducida por la acción de algún tipo de mecanismo químico aún desconocido. La consecuencia es que los tumores se desarrollan de manera casi lineal.
          - Observa que los bordes de un tumor son siempre muy rugosos. Su configuración concuerda con una figura fractal (tipo de patrón seguido por la mayoría de las formas y fenómenos de la naturaleza, desde la propia cristalización de la arcilla, la disposición de las hojas de un árbol, las conexiones de las neuronas en el cerebro o el crecimiento de bacterias en un caldo de cultivo).

          Brú comprueba que el desarrollo del tumor responde a unas pautas muy determinadas. El físico desarrolla una fórmula matemática que reproduce esta dinámica. Comenta sus trabajos con un importante oncólogo del hospital San Carlos, el cual le contesta que "está perdiendo el tiempo, ya que en el cáncer está todo investigado".

          Estudia muchas líneas tumorales distintas, in vitro e in vivo, de animales y de humanos. Comprueba sorprendido, que todos los tumores siguen la misma pauta de difusión. Su desarrollo sigue una fórmula matemática basada en derivadas de cuarto grado, y las variables de crecimiento sólo dependen después de la presión ejercida por el ambiente donde se reproduce.
Esto pone en entredicho otra de las máximas actuales de la oncología: que el cáncer no es una enfermedad sino doscientas enfermedades distintas, que cada tumor es diferente y por lo tanto debe ser tratado y medicado de manera distinta.

          El modelo ya observado por él, que restringe el crecimiento prácticamente en los bordes del tumor, le ofrece la pista para desvelar una de las principales incógnitas que hasta hoy habían permanecido inexplicadas en oncología: el porqué tumores de muy pequeño tamaño pueden ser tan malignos. Ya que las metástasis provocadas por ellos son a menudo mucho más activas que el tumor primario. El profesor Brú razona este fenómeno de la siguiente manera:

- Para formar un tejido de 1 cm. cúbico a partir de una única célula normal, bastan 32 divisiones (2 elevado a 32). En cambio, para conseguir el mismo tamaño en un tejido tumoral, al reproducirse sólo la capa exterior, pueden llegar a hacer falta hasta 800 divisiones.
- Precisamente aquí radica su posible malignidad. En 32 divisiones no se pueden haber acumulado muchas aberraciones cromosómicas, pero en 800 es muchísimo más probable. Las células del borde del tumor, con muchas mutaciones en su ADN, son las que adoptan una mayor variabilidad de comportamiento, que o bien pueden hacerlas morir espontáneamente o migrar a otras zonas del cuerpo provocando las temidas metástasis.

          En 1998, Antonio Brú publica los resultados de sus investigaciones bajo títulos como Super-Roug Dynamics on Tumor Growth en la prestigiosa Physical Review Letters, Non-Linear Dynamics in Tumoral Processes y Fractal Dimension and Temporal Evolution of the Neurons en las páginas del VIII Spanish Meeting on Statistical Physics.
En 2003, da a conocer sus trabajos en Anomalous Scaling of Multivalued Interfaces ( Europhysics Letters), y The Universal Dynamics of Tumor Growth (Biophysical Journal), en la que aplica la teoría MBE (Molecular Beam Epitaxi) a la dinámica universal de desarrollo de los tumores.
Sus artículos son comentados favorablemente en las publicaciones del American Institute of Physics y en la importante The Lancet Oncology. Recibiendo en nuestro país la Placa de Honor AEC 2000 de la Asociación Española de Científicos.

          En cuanto a la forma de difusión del tumor en el tejido sano, las imágenes de microscopio le desvelan un mecanismo de acción inédito: el tumor no invade el tejido sano y después lo destruye, como afirma la oncología oficial. Si no que en realidad procede al revés, primero destruye el tejido sano mediante un ataque bioquímico y después ocupa el espacio vacío que ha quedado:
El ataque tumoral utiliza dos vectores principales:

- El alto metabolismo del tumor genera gran cantidad de ácido láctico. El medio que rodea el tumor tiene por lo tanto un Ph muy bajo y las células sanas del huésped se ven negativamente afectadas.
- Las células tumorales generan potentes encimas cuya función es degradar a las células normales.

La teoría MBE (Molecular Beam Epytaxi), desarrollada en la década de los sesenta, le sirve al físico para explicar un imprevisto movimiento observado por su autor en las células exteriores del tumor. Las cuales, al diferenciarse como individuales, migran por la línea divisoria (interface) entre el propio tejido tumoral y el sano hasta alcanzar la parte interna de las rugosidades del tumor. Esta acción difusora plantea algunas incógnitas interesantes:

- ¿Porqué dichas células no se quedan en las partes más exteriores, donde disponen de más oxígeno y más nutrientes?  
- Frente a la evidencia que en la naturaleza nada sucede de manera gratuita. Brú se pregunta ¿Qué compensaciones hallan en esta nueva ubicación?

          Tal vez porque el investigador llega del mundo de la física y las matemáticas, sin las ideas preconcebidas que a veces se imbuyen a los alumnos en las facultades de medicina. Su conclusión sobre este fenómeno es que la principal compensación reside en el espacio físico para desarrollarse, y no en otros factores de tipo biológico, puesto que es en estas concavidades internas donde dicho espacio es más abundante, por estar a salvo de la presión del tejido sano que sí afecta a las partes convexas. No obstante, aunque tenga menos importancia, también reconoce el hecho de que en este lugar recogido es donde la nueva célula está rodeada y protegida por el máximo de otras semejantes, y donde las defensas del organismo (los glóbulos blancos) penetran con más dificultad.

          Otra de las consecuencias inmediatas del avance de su investigación es que permite explicar el porqué al tratar tumores sólidos de cierto tamaño las quimioterapias fallan en un porcentaje tan alto. En realidad, estos medicamentos basan su acción en un ataque a las células que se encuentran en proliferación. Naturalmente, si hacemos caso a la oncología oficial, éstas representan la totalidad de las células del tumor, y por lo tanto debería resultar afectado en profundidad. La experiencia en cambio demuestra que muchas veces la quimioterapia sólo afecta a las células del borde (como predice Brú, al afirmar que sólo éstas se están dividiendo) y a pesar de que a menudo consigue destruirlas, una vez finalizado el tratamiento, se reactiva la segunda capa de células (algo así como si a una naranja le quitáramos la piel, pero al poco tiempo la pulpa interna creara una nueva) Estas células reactivadas se encuentran en una posición muy buena para proliferar, con unas defensas orgánicas degradadas por la propia quimioterapia y con un buen espacio vacío entre ellas y el tejido huésped. De esta manera, no son extraños los casos en que al poco tiempo de haber acabado una sesión con estos tratamientos convencionales, el tumor rebrota con mucha más virulencia.

          Establecidas sus hipótesis, y avaladas por las experiencias que han llevado a cabo hasta entonces, Brú y su equipo reflexionan para diseñar una estrategia que impida a estas células malignas encontrar el resguardo y el espacio que necesitan para reproducirse. Al final deciden probar con los neutrófilos, uno de los cinco tipos de glóbulos blancos que forman las defensas de nuestro organismo y que se crean de forma natural en la médula ósea.
Los neutrófilos, también llamados granulocitos, son los glóbulos blancos más abundantes, en una proporción que va desde el 55% al 75% del total. Son células fagocitarias, que transportadas por nuestro sistema de alerta a través de la corriente sanguínea, atacan y destruyen los gérmenes que nos invaden, por ejemplo, al hacernos un corte en una mano (de hecho, la inflamación provocada alrededor de una herida, está causada por dichos glóbulos, y representa la lucha que están sosteniendo con el elemento invasor).

          El equipo de Brú plantea un ensayo clínico con ratones, veinte en total, a los que se les inyecta un tumor de Ehrlich en una pata. Posteriormente, cuando se comprueba que los tumores están creciendo, se separan en dos grupos: uno de control, de cuatro individuos a los que no se les efectuará ningún tratamiento, y los dieciséis restantes, a quienes se les suministra una dosis de 10 microgramos por kilo de peso y día de GM-CSF (Factor de Creación de Colonias de Granulocitos-Macrófagos). Con lo que se les inducirá una neutrofilia intensa de 55.000 células/microlitro, es decir un nivel de neutrófilos diez veces superior al normal.

          A los quince días, se sacrifican seis de los ratones tratados para analizar sus tumores. El resto prosigue en tratamiento hasta las ocho semanas. Al final se comprueba que en ocho de ellos los tumores han disminuido de tamaño entre un 80 y un 90%, y en los otros dos, el tumor ha remitido por completo.

          Bajo el microscopio, los investigadores comprueban como los tumores aparecen completamente rodeados por los neutrófilos, los cuales aguantan bien el medio ácido y llenan todos los huecos de las rugosidades, impidiendo que las células cancerígenas en proliferación encuentren el espacio físico que precisan. Se comprueba que al estar encapsuladas entre sus células progenitoras y los neutrófilos, a los catorce días comienzan a morir. Otra de las consecuencias es que la propia presión creada por el crecimiento del tumor provoca anoxia en las partes más internas del tejido, las cuales también acaban por necrosarse.

          Este ensayo echa por tierra otro de los postulados de la oncología actual. La afirmación que las defensas de nuestro organismo no atacan a las células tumorales porqué no las reconocen como algo ajeno o perjudicial para nuestro cuerpo. En realidad, Brú ha demostrado que nuestras defensas sí atacan a las células cancerígenas (de hecho lo están haciendo diariamente en todos y cada uno de nosotros). El problema es que dichas defensas, por diferentes causas, se vean sobrepasadas en su capacidad de reacción. En este momento es cuando el tumor comienza a crecer de forma incontrolada.

          Este ensayo es publicado en el Physical Review Letters de junio del 2004, con el título Pinning of Tumoral Growth by Enhancement of the Inmune Response.

          Los resultados de esta prueba son tan concluyentes que el equipo del profesor Brú decide realizar un ensayo en dos pacientes humanos. Para ello se consiguen sendos permisos de la AGEMED (Agencia Española del Medicamento), que autoriza dicha acción por el procedimiento de Tratamiento Compasivo por Razones Humanitarias.

          Los pacientes son una mujer de 34 años, con melanoma en fase IV, que a pesar de no tener aún mala calidad de vida, el pronóstico a corto plazo es muy pesimista. El segundo es un varón de 56, con un cáncer de hígado de 9.5 cm. de diámetro, con complicaciones de cirrosis hepática y hepatitis B. Está siempre en cama, con dolores muy fuertes y una calidad de vida muy degradada. En pocas palabras, ambos casos eran desahuciados e irrecuperables, con una esperanza de vida de pocos meses.

          Durante el tratamiento, se les suministra a ambos la misma dosis de 10 microgramos por kilo de peso y día. En este caso se utiliza G-CFS (Neupogen, de laboratorios Amgen), prácticamente igual que el producto utilizado con los ratones, pero más específico en la creación de neutrófilos.

          Las dosis son muy bien toleradas por los pacientes, y de los dos meses que dura el tratamiento, sólo en una ocasión deben disminuirla para mantener el recuento de neutrófilos por debajo de 60.000. Los resultados no se hacen esperar. Los afectados mejoran rápidamente. El enfermo de hepatocarcinoma se beneficia de un cambio espectacular. El marcador tumoral AFP (alfafetoproteína) cuyo valor normal en una persona sana es inferior a 10 ng/ml, baja de los 453 que tenía al principio del tratamiento, hasta 4,7 a las 10 semanas.
Las exploraciones posteriores mediante RMN (resonancia magnética nuclear) y biopsia mediante aspiración por aguja fina, demuestran un cambio significativo. El tejido tumoral ha desaparecido, sustituido por una displasia de células pequeñas, sin malignidad. Con el tiempo, observarán que dicho tejido queda enquistado o es disuelto por el cuerpo del propio paciente.

          Las dos personas tratadas se reincorporan a su trabajo, más de dos años después siguen sin síntomas ni efectos secundarios y con todas las constantes normales. En consecuencia, el informe final es que "podrían haberse curado" (en estos casos hay que decir "podrían" porque en el cáncer la curación definitiva sólo se admite pasados 5 años).

          En mayo del 2005, equipo de Brú publica el resultado de la remisión del hepatocarcinoma en la revista Journal of Clinical Research. Algunos periodistas escriben artículos sobre Brú, que también es entrevistado brevemente en programas de televisión. Él no dice en ningún momento que "cura el cáncer", sino que esta experiencia abre una nueva y esperanzadora línea de investigación, que es necesario proseguir con más medios, y ofrece su colaboración a todos los estamentos de la lucha contra esta enfermedad. Da un plazo aproximado de unos dos años para que se pueda aplicar de manera general, como un tratamiento protocolizado. Hace también un llamamiento a la calma, diciendo que entiende la premura de aquellas personas cuya enfermedad está en un estado avanzado, pero que ellos deben seguir escrupulosamente los cauces reglamentarios.

          Pero lejos de hallar colaboración, se encuentra con el rechazo frontal del colectivo de oncólogos, que en vez de reaccionar con interés ante la trascendencia del descubrimiento, inician una fuerte campaña a nivel nacional para desacreditarlo. No esgrimen ningún argumento científico. Se reducen a efectuar ataques personales contra Brú y sus ayudantes. Ninguno de sus detractores intenta comprobar sus afirmaciones ni repetir sus experiencias, las niegan por principio, alegando que no coinciden con las ideas establecidas. Algunos fragmentos de los artículos aparecidos en los medios de comunicación son:

- Es una publicación de un sólo caso... carece de validez... puede haber errores en las radiografías... (Dr. Cubedo, Clínica Universitaria Puerta de Hierro).
- Si el resultado fuera espectacular habría aparecido en una revista de más categoría... este medicamento ya se usa y nunca hemos notado efectos antitumorales... si tuviera razón, los pacientes hipertensos tendrían menos tasa de cáncer... (Joaquín Arribas, Jefe Investigación Oncológica del Vall d'Ebrón)
- Falta de credibilidad... se debería hacer una auditoría... (Eduardo Díaz Rubio, Jefe de Oncología Médica del Hospital San Carlos)
- Asunto llamativo... no deja de ser una teoría... (Josep M. Borrás, Instituto Catalán de Oncología)
- Debemos velar para que no se engañe al paciente con cáncer... No deja de ser una anécdota... averiguaremos si este señor ha solicitado el trámite burocrático obligatorio para la realización de algún ensayo clínico... no existen datos de seguridad a estas dosis de G-CFS (Antonio Antón, de la SEOM, Sociedad Española de Oncología Médica) El Mundo, suplemento de salud, 31 mayo del 2005
- El extraño caso del Dr. Brú... es irresponsable lanzarse a tratar enfermos sin suficientes pruebas... su equipo lo integran familiares y amigos... genera falsas expectativas en los pacientes... (periodista Alejandra Rodríguez) El Mundo Salud, 4 junio del 2005
- Me produce espanto ver el afán de notoriedad de una persona... es una insensatez... (Ricardo Cubedo) El Mundo Salud, 9 de junio del 2005.
- Falta de seriedad... supuesta curación... un caso de remisión espontánea... no han sido ortodoxos... la revista médica en que se publicó el resultado no era de categoría... es posible que no fueran cánceres, si no dos casos mal diagnosticados... (Antonio Antón) El Mundo, suplemento salud 620.
- Salvo contadas excepciones, y como si hubieran recibido una consigna, los oncólogos de los hospitales se niegan a solicitar a la AGEMED el tratamiento de Brú para los enfermos desahuciados, aunque estos se lo pidan. A quienes les consultan repiten los mismos argumentos, sin aportar ninguna razón científica ni estudios que invaliden las afirmaciones de Brú.

          Antonio Brú, en un principio, intenta ignorar las críticas y seguir trabajando, pero al comprobar como por estas declaraciones se le están cerrando puertas, decide rebatirlas:

- Muestra los permisos legales de tratamiento compasivo de la AGEMED (Agencia Española del Medicamento), referidos a los dos casos citados.
- Explica punto por punto su teoría de Dinámica Universal de los Tumores, difunde copias de los trabajos publicados en las revistas científicas.
- Presenta a la totalidad de su equipo, integrado por doce personas, entre las que hay médicos, microbiólogos, analistas, etc...
- Explica que si los cánceres hubieran estado mal diagnosticados, en realidad sería culpa de los oncólogos y del servicio de patología hospitalaria. Lo cual también puede argumentarse en el caso de las curaciones con quimioterapia. En todo caso, tanto el melanoma como las resonancias magnéticas y las biopsias del paciente de hígado eran evidentes y no ofrecían lugar para la confusión.
- Acepta que existen las remisiones espontáneas, pero estadísticamente éstas representan un caso de cada 60.000, y por lo tanto es fuertemente improbable que hayan tenido, no un caso, sino dos, seguidos y con el mismo resultado.
- El medicamento Neupogen se usa desde 1991, pero sólo para recuperar el nivel de defensas normal después de una quimioterapia (dosis a la cual no tiene efectos anticancerígenos), y nunca para producir la neutrofilia intensa en que se basa el tratamiento de Brú. Los pacientes toleraron muy bien las dosis, sin efectos secundarios apreciables durante los dos años transcurridos. En todo caso, el Neupogen también se suministra a niños con neutropenia congénita, en dosis y duraciones mayores, y tampoco se han observado efectos acumulativos.
- La hipertensión arterial no tiene nada que ver con la presión en las interfaces de los tejidos, ya que ésta solo se produce en el interior de los vasos sanguíneos.
- La publicación del caso del hepatocarcinoma se efectuó en la revista Journal of Clinical Research sencillamente porque otras revistas de más tirada tienen períodos de espera de publicación de hasta varios años, aparte de cobrar elevadas cantidades por cada página publicada. Unos fondos de los que el equipo de Brú no andaba sobrado. En todo caso, es pueril intentar desacreditar el contenido atacando al continente.
- Si han comenzando publicando un caso es porque siempre hay uno que es el primero. Naturalmente, hubiera sido inconsciente comenzar tratando a trescientas personas a la vez. Sus detractores olvidan que antes que esto había ya 15 éxitos en tumores in vitro, de distintos tipos, y 10 en animales de laboratorio (el 100% de los tratados).

          Antonio Brú repite una y otra vez que está dispuesto a sentarse con quien sea a discutir en términos científicos, así como a repetir todos ya cada uno de los pasos que ha dado hasta ahora con supervisión independiente.
          No entiende a que se debe tal radical oposición, aunque piensa que el ingente negocio de las multinacionales farmacéuticas, con unos 12.000 millones de euros implicados en el tratamiento del cáncer con las terapias actuales (muchas de las cuales son de dudosa eficacia), pueden llegar a  influir en muchas voluntades.
Explica que el ciclo de vida de un medicamento, con los gastos de investigación y aquellos necesarios para ser validado por las autoridades sanitarias, puede llegar a cantidades cercanas a los 500 millones de euros, y que esta inversión debe ser recuperada en pocos años de vida comercial. Por ello no es extraño que a nadie le interese que el Neupogen, que apareció en el mercado español en 1991 y cuyo principio activo está a punto de perder la patente para convertirse en genérico, deje obsoletas a las carísimas quimioterapias actuales, o aquellas que están a punto de ser autorizadas.
Brú añade, medio en broma, medio en serio, que su problema ha sido plantear un tratamiento demasiado sencillo y barato, que si este fuera complejo y carísimo probablemente no recibiría tantas objeciones.

          En otro orden de cosas hay que decir que, a partir de este momento, tanto el propio profesor como sus ayudantes tienen que soportar un seguido de advertencias y coacciones. Antonio Brú comienza a ser víctima de "mobbing" en su trabajo y al denegarle la renovación de la beca postdoctorado, debe abandonar la institución. Su principal colaboradora, la doctora especialista de digestivo Sonia Albertos también se ve obligada a dejar el Hospital La Paz porque al vencer su contrato no se lo renuevan. Algunos colaboradores se apartan discretamente de ellos para no ser víctimas de la misma represión.

          Después de estas dos pruebas con éxito, y sin hacer demasiado caso a las críticas gratuitas, la intención del equipo de Antonio Brú es seguir tratando a otros pacientes terminales de otros tipos de cáncer, ya que según el físico, al haber demostrado que todos los tumores sólidos tienen la misma dinámica de crecimiento, el tratamiento de neutrófilos debe ser efectivo para cualquiera de ellos (Brú reconoce una posible excepción en los tumores cerebrales, ya que al ser un órgano enclaustrado en una caja ósea, la inflamación local producida por los neutrófilos podría ser contraproducente).
Sin embargo, a partir de este momento, y a pesar de los buenos resultados obtenidos, la Agencia Española del Medicamento cambia de actitud y adopta la misma que los oncólogos oficialistas, negándoles cualquier otro permiso para tratar pacientes terminales, incluso de los mismos tipos de cáncer ya experimentados.
El equipo del invesigador insiste. La agencia modera su negativa, diciendo que estudiará otorgar permisos para melanoma y hepatocarcinoma si son solicitados por sus médicos, pero que no piensa autorizar ningún tratamiento para otros tipos de cáncer.
Desde entonces, se han concedido con cuentagotas. Algunos de estos pacientes tenían una esperanza de vida tan exigua que han muerto al poco de comenzar, sin haber podido observar los resultados. En contrapartida, durante este mismo tiempo, la misma agencia ha otorgado infinidad de permisos para tratamientos con otras muchas terapias experimentales, incluyendo la morfina y la talidomida, de las que no hay constancia de ningún efecto antitumoral, y aún se recuerdan las secuelas que en los años 60 causó esta última droga en mujeres embarazadas, provocando más de 10.000 casos de graves malformaciones congénitas, con nacimientos de bebés sin brazos ni piernas.

          En los informes que esta agencia entrega a los enfermos terminales después de denegarles el tratamiento, figuran argumentos tan inconsistentes como:

- La idea en que se basa el tratamiento está alejada de aquellas aceptadas en oncología (es decir, no hay que escuchar las razones de Brú ni permitir que las pruebe, porque discrepa de los demás)
- Hay un sólo caso estudiado y no se pueden establecer conclusiones (en realidad hay dos, pero naturalmente, si ellos siguen denegando los tratamientos, siempre habrá pocos casos. Es un argumento no exento de perversidad. Es la pescadilla que se muerde la cola)
- No están seguros de la calidad de vida que puede provocar el tratamiento en los pacientes terminales (tal vez piensa la agencia que dicha calidad será mejor unos meses después, cuando el enfermo esté en su ataúd)

          El doctor Brú trabaja ahora como profesor en el departamento de Matemáticas Aplicadas de la Facultad de Ciencias de la Universidad Complutense de Madrid, donde encuentra el apoyo que le han negado el CESIC. Gracias a las gestiones de la Universidad se proyecta un ensayo clínico con 25 pacientes terminales de hepatocarcinoma del hospital Ramón y Cajal. Pero una vez más aparecen los problemas derivados del boicot médico: para iniciar un ensayo semejante hay que conseguir el visto bueno de un comité de ética del hospital. En este caso, el grupo del profesor Brú pasa dos veces por dicho comité y sigue sin obtener el visto bueno para iniciar la prueba. En cada nuevo encuentro surgen nuevas exigencias, como si la intención última fuera que el ensayo no llegue a realizarse nunca. Finalmente, el hospital, de manera injustificada, reduce de 25 a 5 el número de pacientes (con lo cual deja de ser un "ensayo clínico" y se convierte en un "conjunto de usos compasivos", sin validez de cara a una futura legalización de la terapia) e impone para el control de la prueba a un oncólogo que se ha declarado pública y reiteradamente contrario a Brú y a su método.
Ante estas premisas, el profesor considera que no existen las necesarias garantías para llevar a cabo la experiencia, y decide retirar la oferta al hospital.

          En cuanto a la difusión de sus investigaciones. Una vez pasado el breve período de interés del mes de julio de 2005, los medios de comunicación más importantes parecen haberse olvidado de las noticias sobre su caso, excepto uno de los diarios de mayor tirada nacional que publica periodicamente artículos contrarios a Brú, en los que sólo parecen tener cabida las voces de sus detractores.
Por su parte, el investigador sigue con una frenética actividad divulgadora, dando conferencias en muchas ciudades españolas. En este tiempo, oncólogos ligados a la SEOM (Sociedad Española de Oncología) contactan con los organizadores para intentar que se anulen dichos actos. También hay constancia de que otros médicos de distintas especialidades, han sido amenazados desde instancias directivas con la no renovación de sus contratos si colaboran con Brú o asisten a sus actos.

- El 21 de Octubre, Antonio Brú es invitado al Congreso de Senología y Patología Mamaria de Ourense, junto a otros 200 especialistas. Sin embargo, desde la SEOM se veta una vez más su participación y la conferencia de Brú tiene que ser pospuesta a unas horas después de haberse clausurado el congreso, cuando los oncólogos ya han marchado (la noticia apareció en La Voz de Galicia del 22-11-2005).
- Al día siguiente, el 22, pronuncia otra conferencia en la ciudad de Maó, invitado por una sociación de afectadas de cáncer de mama. Entre el público que abarrota la sala de plenos del Ayuntamiento, sólo hay dos médicos.
-  El 4 de noviembre, el Colegio de Farmacéuticos de Alicante invita a Brú a pronunciar una conferencia. La SEOM actúa de nuevo intentando anularla. No lo consigue.

          Antonio Brú y sus colaboradores más allegados continuan progresando en su investigación, sin embargo, la aplicación de su tratamiento en hospitales ha caído bajo mínimos. La Agencia Española del Medicamento ya advirtió que sólo concedería permisos para tratamientos compasivos en caso de tumores primarios de hígado o melanoma, restricción que deja fuera a más del 92% de los enfermos de cáncer. Pero además, incluso los pacientes que cumplen estas condiciones suelen encontrarse con el problema casi insalvable de que la mayoría de sus propios oncólogos se niegan en redondo a cursar la petición.

          A principios de Abril del 2006, la diputada Isaura Navarro, pregunta en el Congreso a la ministra de Sanidad sobre la aplicación de la terapia de Brú. La ministra responde una vez más con la posición oficial de la AGEMED, que no avala ni va a promocionar este tratamiento porque dicen que el físico nunca ha entregado cierta documentación que se le pidió en la reunión que la Agencia mantuvo con él (Antonio Brú niega rotundamente que en ningún momento le hayan solicitado documentación alguna, que por otra parte, por normativa no se exige a nadie para conceder los tratamientos compasivos), y añade la ministra a sus razones el hecho que no existen ensayos clínicos para apoyarlo (lo cual, de no ser promocionado desde la propia Administración, resultará muy difícil debido al boicot irreductible de que es objeto)

          Ante la condena a muerte que de facto se les impone en estos casos a la mayoría de los enfermos deshauciados, algunos de ellos inician una difícil búsqueda para procurarse el Neupogen en el extranjero, y así poder aplicarse el tratamiento fuera del ámbito sanitario oficial. Para ello precisarán al menos de la ayuda de un médico que les controle el nivel de neutrófilos y la evolución general. Facultativo que, vistas la circunstancias de radicalización que emanan de su propio entorno, se expone a sufrir serios problemas laborales.
Sin embargo, no todo son noticias negativas. La lucha por la vida es una fuerza tan poderosa que nadie, por muchos intereses que le sostengan, va a poder evitar. Pese al prudente secretismo que envuelve estos casos ya hay constancia de tratamientos culminados con éxito, tanto en nuestro país como fuera de él, y no cabe ninguna duda que en el momento adecuado saldrán a la luz.

          Hasta aquí esta breve historia de las vicisitudes y el estado en que se encuentra la investigación más esperanzadora de los últimos años para el tratamiento del cáncer. Si intentamos analizar los motivos de la oposición que ha suscitado entre una parte del estamento médico, sin duda encontraremos cierta falta de autocrítica y de espíritu científico, así como el fuerte corporativismo frente a alguien que no es de su profesión, y aunque su influencia sea más oculta tampoco podemos despreciar la información intencionadamente manipulada y las presiones económicas como causantes de tal situación.
          Mientras tanto, en España se declaran 150.000 nuevos casos de cáncer cada año, y 100.000 personas morirán en el mismo tiempo por esta causa. Como si la falta de piedad fuera la más contagiosa de las enfermedades ¿Cuántos más fallecerán con la negativa del sistema sanitario a reconocer la existencia del tratamiento de Antonio Brú?

          Piensen con atención en todo ello. Les recomendamos también que lean las críticas vertidas. Y conociendo las debilidades de la naturaleza humana, extraigan después sus propias conclusiones